Conclusiones y desviaciones del libro: «Los negocios son un deporte de equipo» – David Green
🧩 1–10: Trabajo en equipo y liderazgo
El éxito de una empresa no es individual, sino fruto de un equipo coordinado y comprometido.
Un buen líder es servidor primero y pone las necesidades del equipo por encima de su ego.
La comunicación abierta y honesta fortalece la confianza dentro del equipo.
La delegación inteligente permite que cada persona desarrolle su talento.
La humildad del líder genera un ambiente de colaboración en lugar de competencia destructiva.
Reconocer los logros de los demás impulsa el compromiso y el rendimiento.
El líder debe tener visión, pero también saber escuchar y ajustar.
Las empresas más sólidas promueven el feedback constante y respetuoso.
La cultura empresarial se construye desde arriba, pero debe ser vivida por todos.
La unidad del equipo es más poderosa que el genio individual aislado.
💼 11–20: Negocio y principios éticos
La empresa debe regirse por principios, no solo por objetivos financieros.
El compromiso con la integridad genera resultados a largo plazo más sostenibles.
La fidelidad a los valores cristianos es compatible con el éxito económico.
El respeto por los empleados comienza con su bienestar y su tiempo libre (Green, por ejemplo, defiende no abrir los domingos).
El beneficio no puede ser excusa para el trato injusto o deshonesto.
El ejemplo personal del empresario marca la pauta de conducta para toda la organización.
Ser generoso con las ganancias (donaciones, salarios justos) crea un impacto positivo real.
La empresa tiene una responsabilidad social y espiritual con su entorno.
La transparencia financiera fortalece la moral del equipo.
La ética no se negocia, incluso si parece menos rentable a corto plazo.
📈 21–30: Visión, propósito y legado
Una empresa sin propósito está condenada a la mediocridad o a la corrupción.
El propósito debe trascender el lucro: servicio, creación de valor y vocación.
Dios es el verdadero propietario del negocio: el empresario es solo un administrador.
Incorporar la fe en el trabajo no significa imponerla, sino vivirla con coherencia.
El legado de una empresa no es solo lo que vende, sino cómo transforma vidas.
La educación continua y formación de equipos asegura crecimiento sostenible.
La innovación nace más fácilmente en equipos cohesionados que en estructuras rígidas.
La estabilidad emocional del empresario influye en toda la organización.
El negocio debe respetar los ciclos de la vida y no sacrificar lo importante (familia, salud, fe) por el trabajo.
Al final, el éxito verdadero se mide por la fidelidad a los principios y el bien generado, no solo por los beneficios.
Algunas posibles desviaciones Tomistas.
✅ Puntos coherentes con la doctrina tomista
El bien común como fin del trabajo en equipo (coincide con ST I-II, q.90–97 sobre la ley moral y el bien común).
Ética empresarial como parte del orden moral natural, no solo pragmatismo (acuerdo con la ley natural).
Primacía del servicio, la humildad y la vocación sobre el lucro (alineado con el principio tomista de subordinación de los bienes materiales al bien espiritual).
Dios como dueño de todo lo creado, y el hombre como administrador (coherente con la metafísica tomista: Dios es causa primera y fin último).
Rechazo del utilitarismo económico y defensa de la persona humana como fin en sí misma (coincide con el principio personalista premoderno).
El domingo como día de descanso: en línea con el orden natural y divino del tiempo (Tercer Mandamiento).
⚠️ Posibles desviaciones o limitaciones
1. Subordinación débil del orden económico al orden espiritual y sacramental
El libro no parece enfatizar (o puede omitir) la primacía absoluta de la vida sobrenatural: la misa, los sacramentos, la gracia, etc., como fines últimos del hombre.
Para Santo Tomás, el bien común temporal (como una empresa bien gestionada) debe estar subordinado al bien común espiritual y eterno (Summa Theologiae, I-II, q.1–5).
2. Ausencia de jerarquía objetiva de fines
El lenguaje moderno de «propósito» o «legado» empresarial puede ser ambiguo si no se aclara que el fin último del hombre es Dios, no el impacto social ni la autorrealización.
El tomismo enseña que todos los bienes inferiores deben ordenarse al fin último (beatitudo), no quedarse en fines intermedios (II-II, q.23–27).
3. Riesgo de una visión «empresarial cristiana» más protestante que católica
Aunque Green es cristiano, su enfoque es típicamente evangélico-protestante, centrado en la fe personal, sin referencia a la Iglesia como institución visible, ni a la gracia sacramental.
El tomismo enseña que la Iglesia es el medio ordinario de salvación, y que el orden natural se perfecciona con la gracia, no solo con esfuerzo humano.
4. Énfasis en el trabajo como vocación individual sin suficiente dimensión redentora
Se destaca la vocación al trabajo en equipo como motor de desarrollo, pero sin integrar plenamente la teología del sufrimiento y del sacrificio redentor del trabajo, como enseñan Pío XII y León XIII.
El trabajo, según Santo Tomás y la tradición, debe unirse a la cruz de Cristo, no solo al éxito o eficiencia.